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Arbolito Marana-tha

Enero 15, 2017
Amado Hermano en Jesús:
¡Alégrate! ¡Y alegra al que esta a tu lado y desea estar alegre recibiendo en su vida a Jesús vivo!
“El Espíritu y la Esposa dicen ¡Ven! Y el que lo oiga diga ¡Ven!” (Ap 22, 17). Nosotros, como familia gritamos Marana-tha, ven Seños Jesús!
Marana-tha es un grito que sale desde lo mas profundo del hombre que se siente solo, triste, sin amor; es el grito del hombre que necesita que Jesús venga a su vida para renovarla y darle conciencia para caminar en la verdad del ser.
Cuando el ser humano se encuentra con Dios, el Amor que recibe del ser de Dios lo inunda, lo llena, lo plenifica, ilumina los espacios mas oscuros y sana. Este amor, que es imposible de contener, desborda hacia otros seres humanos y se comparte en el encuentro del hombre amado por Dios con el hombre amado por Dios.
Eso es la comunidad. Eso es lo que San Pablo pedía “Déjense transformar y renueven su interior de tal manera que sepan apreciar lo que Dios quiere, es decir, lo bueno, lo que le es grato, lo perfecto. Pues así como nuestro cuerpo, que es uno, consta de muchos miembros, y cada uno desempeña su cometido, de la misma manera nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo” (Rm 12, 2. 4-5)
La comunidad es como el árbol: su fortaleza esta en el tamaño de sus raíces, que son proporcionales a su capacidad de obtener nutrientes del suelo en las que están arraigadas; su envergadura se encuentra en el porte de su tronco, que da sostén a toda la estructura; su anhelo descansa en sus ramas, que incansables buscan hacia arriba luz y sol; su peculiaridad son sus hojas, que constituyen la belleza del árbol y lo hacen único e irrepetible; su propósito radica en sus frutos, que constituyen la esencia del árbol y su misión.
“Yo soy la vid; ustedes, los sarmientos. El que permanece unido a mí, como yo estoy unido a él, produce mucho fruto, porque separados de mí ustedes nada pueden hacer.” (Jn 15, 5) Cristo es el centro y el fundamento de la comunidad. Su Amor Divino nos alimenta por medio de la Eucaristía, la Palabra y la respuesta al ser humano que todavía no conoce a Jesús. Las hojas son cada persona que participan de la comunidad, que se encuentran y comparten la buena noticia de Jesús en sus vidas. Y en ese encuentro los frutos hablan del árbol, porque “todo árbol sano da buenos frutos.” (Mt 7, 17)
Por eso los invito a encontrarse como comunidad, como familia; a dejarse invadir por la presencia del Espíritu Santo que nos hace hijos en el hijo y construye esta misma comunidad; a compartir el testimonio de que Cristo esta vivo y las maravillas que hace en nuestras vidas y nuestras familias.
¡Ven Espíritu Santo y haznos comunidad!
Te invito especialmente a ti con el amor de Jesús. ¡Dios te Bendiga!
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